El agua forma parte de muchas actividades empresariales: consumo humano, preparación de alimentos, higiene, limpieza, servicios higiénicos y, en determinados sectores, procesos productivos.
Por eso, disponer de agua no es suficiente.
Una empresa también debe preocuparse por las condiciones en las que recibe, almacena, distribuye y utiliza el agua, especialmente cuando esta tiene contacto directo con las personas o interviene en actividades donde su calidad puede afectar la salud.
La gestión del agua debe integrarse dentro de las medidas de saneamiento de la empresa y considerar tanto las características de sus instalaciones como las obligaciones sanitarias que le correspondan.
El agua puede entrar en contacto directo o indirecto con:
➠ Trabajadores
➠ Clientes
➠ Alimentos
➠ Utensilios
➠ Equipos
➠ Superficies
➠ Instalaciones sanitarias.
Por ello, una deficiencia en su calidad puede convertirse en un riesgo sanitario dependiendo del uso que tenga.
Una empresa debe evitar asumir que el agua mantiene automáticamente condiciones adecuadas simplemente porque proviene de una red de abastecimiento. También deben considerarse las condiciones posteriores:
abastecimiento → almacenamiento → distribución → utilización.
Un problema en cualquiera de estas etapas puede afectar la calidad del agua.
La calidad del agua depende del uso que se le dará y de los parámetros que correspondan según la normativa aplicable.
En términos generales, puede involucrar aspectos:
➠ Físicos
➠ Químicos
➠ Microbiológicos
➠ Sanitarios.
Por ejemplo, algunas señales visibles pueden generar una alerta:
➠ Coloración inusual
➠ Turbidez
➠ Sedimentos
➠ Olores extraños
➠ Alteraciones en el sabor.
Sin embargo, que el agua se vea limpia no significa necesariamente que su calidad sanitaria esté garantizada.
Por eso, cuando el uso y las condiciones del establecimiento lo requieren, la evaluación debe considerar controles apropiados y no depender únicamente de una inspección visual.
Podemos dividir la gestión en cinco aspectos:
1. Abastecimiento: ¿De dónde proviene el agua utilizada por la empresa?
2. Almacenamiento: ¿Se almacena en tanques, cisternas u otros sistemas?
3. Mantenimiento: ¿Las instalaciones de almacenamiento reciben limpieza y mantenimiento?
4. Distribución: ¿Las redes internas se encuentran en condiciones adecuadas?
5. Control: ¿Existen procedimientos para detectar posibles problemas de calidad?
Esta revisión permite pasar de una gestión reactiva a una gestión preventiva.
La empresa debe conocer de dónde proviene el agua que utiliza. Puede tratarse de:
➠ Red pública
➠ Sistema propio
➠ Abastecimiento mediante terceros
➠ Otras fuentes autorizadas, dependiendo del caso.
La fuente es relevante porque las condiciones de control pueden variar.
Además, si la empresa utiliza sistemas propios o realiza tratamientos, almacenamiento u otras operaciones sobre el agua, pueden existir obligaciones adicionales.
Este es uno de los puntos más importantes para empresas que almacenan agua.
El agua puede ingresar al establecimiento en buenas condiciones, pero un sistema de almacenamiento mal mantenido puede comprometer su calidad posteriormente.
Por ello, los tanques y cisternas deben mantenerse en condiciones adecuadas de higiene y conservación. Una revisión puede considerar:
➠ Estado físico del tanque
➠ Tapas y cierres
➠ Presencia de sedimentos
➠ Acumulación de suciedad
➠ Filtraciones
➠ Ingreso de contaminantes
➠ Condiciones del entorno.
No basta con limpiar un tanque una vez. También deben revisarse las condiciones que podrían volver a contaminarlo. Por ejemplo:
➠ ¿La tapa cierra correctamente?
➠ ¿Existen grietas?
➠ ¿Hay filtraciones?
➠ ¿El tanque está protegido?
➠ ¿Existen puntos de ingreso de contaminantes?
➠ ¿El entorno se mantiene limpio?
La prevención debe continuar después de la limpieza.
La gestión del agua no termina en el tanque. El agua posteriormente circula por tuberías y puntos de consumo.
Por ello, también deben considerarse las condiciones de:
➠ Tuberías
➠ Conexiones
➠ Grifos
➠ Puntos de consumo
➠ Sistemas internos de distribución.
Una instalación deteriorada puede generar problemas que no necesariamente son visibles inmediatamente.
No todas las empresas necesitan realizar exactamente los mismos análisis ni con la misma frecuencia.
La necesidad dependerá del:
➠ Uso del agua
➠ Origen
➠ Sistema de abastecimiento
➠ Actividad empresarial
➠ Características de la instalación
➠ Normativa aplicable.
Cuando corresponda realizar controles de calidad, estos deben efectuarse mediante procedimientos y laboratorios que cumplan las condiciones exigibles.
El objetivo es obtener información objetiva sobre determinados parámetros de calidad.
Dependiendo del tipo de agua, uso y normativa aplicable, pueden considerarse diferentes parámetros.
Entre ellos pueden encontrarse:
Parámetros microbiológicos. Permiten evaluar la presencia de determinados microorganismos indicadores.
Parámetros físicos. Pueden incluir características como:
➠ Turbidez
➠ Color
➠ Olor.
Parámetros químicos. Pueden incluir diferentes sustancias o características químicas dependiendo de la fuente y del uso.
Lo importante es no asumir que un único análisis sirve para todas las empresas.
Los parámetros deben seleccionarse de acuerdo con el objetivo del control y las disposiciones aplicables.
La calidad del agua en una empresa no depende exclusivamente de la empresa que la suministra.
También debe considerarse lo que ocurre dentro del establecimiento.
Una gestión adecuada implica conocer la fuente, mantener las instalaciones, proteger los sistemas de almacenamiento, revisar la distribución y realizar los controles que correspondan.
En otras palabras:
agua segura no significa solamente agua que llega a la empresa; también significa mantener adecuadamente el sistema que la recibe, almacena y distribuye.
Por eso, el manejo del agua debe formar parte de la planificación sanitaria de la organización.
Porque el agua puede utilizarse para consumo, higiene, preparación de alimentos, limpieza o procesos productivos. Su calidad debe ser compatible con el uso previsto y con las exigencias sanitarias aplicables.
No. La limpieza es una actividad de mantenimiento, pero la calidad del agua depende también de la fuente, almacenamiento, distribución y controles correspondientes.
La frecuencia depende de las características del sistema, uso, condiciones de almacenamiento y normativa aplicable. No es recomendable asumir una única periodicidad para todas las empresas.
La necesidad, tipo y frecuencia de los análisis dependerán del uso del agua, fuente, actividad, sistema de abastecimiento y obligaciones aplicables.
Dependiendo del objetivo del control pueden evaluarse parámetros microbiológicos, físicos y químicos. La selección debe responder al tipo de agua, uso y normativa correspondiente.
Cambios inusuales de color, olor, sabor o turbidez pueden justificar una evaluación. Sin embargo, la ausencia de cambios visibles no garantiza por sí sola la calidad sanitaria.
Debe considerar el estado físico, limpieza, tapa, protección, presencia de sedimentos, posibles filtraciones y condiciones del entorno.
Sí, la gestión adecuada del agua puede formar parte de las acciones de saneamiento ambiental de una empresa, según sus características y obligaciones.
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